Poco se habla hoy de la imagen del día de ayer, que no es la cena a la que no invitaron a Snchz, ni las tetas de la novia del presentador de las mañanas, ni una carretera partida por el hecho de que en invierno, pese al cambio climático, suele llover. No. La imagen del día es la de un ex ministro, y no uno cualquiera, sentado en el banquillo por forrarse con las mascarillas mientras los españolitos de a pie morían por miles sin poder acceder a ellas. No está de más recordar que Ábalos, trasunto político de un personaje de Santiago Segura, defendió, barriga de por medio, una moción de censura contra el inefable Rajoy para que cuajase un cambio de gobierno que limpiase al país de la «corrupción sistémica». Hoy sabemos que, nada más llegar al poder, la banda capitaneada por el acusado Ábalos Meco (el azar es caprichoso) abrió el saco y empezó a llenarlo como si no hubiera un mañana. A ver lo que sale del juicio. Pero la cosa no pinta bien.
En cualquier empresa medio decente, ya habrían rodado cabezas. Pero aquí… ay, amigo, aquí los que están son conscientes de que, ahí fuera, en el mundo real, hace mucho frío.

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