Una grabación histórica

Hace tres años, y en el contexto de una situación familiar bastante compleja, tuve la oportunidad de descubrir a Yunchan Lim, un jovencísimo pianista surcoreano (18 años por aquel entonces) que YouTube tuvo a bien sugerirme en una noche de desvelo. El vídeo remitía a la final del concurso internacional de piano Van Cliburn, y en él interpretaba el celebérrimo Rachmaninov 3 en re menor, un concierto abismal que los pianistas suelen emplear para lucimiento propio en los concursos (como el 2 del propio Rachmaninov, el 5 de Beethoven o el primero de Brahms).

Así que me puse a ver el vídeo con los auriculares y después de 40 minutos no había conseguido cerrar los ojos. Esa noche reproduje el concierto seis veces. No era la técnica. No era la expresividad. No era la lectura, arriesgada, audaz y rompedora a partes iguales. Era el todo. En su momento me pareció histórico. Días después, pude leer varias críticas sobre el concierto, y entre ellas abundaba la sensación de que quizás estábamos ante la mejor lectura jamás abordada de esta pieza. No cuento las versiones que he escuchado en mi vida de ese concierto, desde Horowitz a Ashkenazy, incluso pude disfrutarlo en vivo en el Barbican con Yuja Wang, pero nunca, jamás, había escuchado (ni he escuchado) nada parecido a lo de Yunchan Lim.

Decca acaba de lanzar la grabación de este concierto, que, como os he dicho, está disponible igualmente en YouTube. La visión del pianista añade un punto extra, sin duda, a la interpretación, pero si no podéis verlo porque vais en el coche, o estáis haciendo ejercicio, o, simplemente, queréis centraros en la música, sin más, no dejéis de escucharlo: https://open.spotify.com/intl-es/album/0PTxe1JTvE79g8q92tjV0w?si=3KRRyVd3QeyLKW3fCxv75g

No he dudado en estos tres años en poner mis oídos a disposición de todo lo que ha tocado este genio. Y si algo se puede decir de él es que es el pianista total. Acaba de grabar las variaciones Goldberg en directo, otra maravilla al alcance de pocos. Pero es que tiene la virtud de que, en sus manos, Mozart suena a Mozart, Beethoven a Beethoven, Bach a Bach y Rachmaninov a Rachmaninov.

18 años tenía cuando ejecutó esta barbaridad. Luego nos dicen que los jóvenes de hoy no están preparados. Lo están, de sobra. Pero hay que trabajárselo.

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