Mustaine y sus mariachis acaban de lanzar el que, al parecer, será su último álbum de estudio, de título homónimo al nombre del grupo.
Pese a mi indisimulada tendencia metalera, debo confesar que Megadeth nunca han sido santo de mi devoción (como Slayer). Siempre me ha parecido una banda trash residual, resultado de un pique de juventud, que ha cabalgado con el sambenito de ser la escisión pobre de Metallica. No resto mérito a su producción ni a su repercusión popular, pero musicalmente jamás me han dicho nada. Mustaine es un guitarrista justito, y lo de cantar, definitivamente, no va con él. Eso sí, sus defensores acudirán a que tiene un estilo y una voz muy «personales», que es lo que se suele decir cuando un cantante peñazo triunfa en el escabroso mundo de la popularidad injustificada.
Tras años de polémicas absurdas, hace tiempo que Mustaine cerró heridas con Metallica, y en este trabajo incluso presentan una versión de Ride the lightning, canción en la que Mustaine tuvo una participación acusada.
En fin, ojalá puedan disfrutar de un retiro agradable tras una vida de excesos. No pierdo nada con su desaparición, pero empatizo con aquellos de vosotros que les echéis de menos… si es que eso de retirarse va en serio (un saludo a The eagles y su Hell freezes over).
