Categoría: Música

  • Megadeth y el fin del camino

    Mustaine y sus mariachis acaban de lanzar el que, al parecer, será su último álbum de estudio, de título homónimo al nombre del grupo.

    Pese a mi indisimulada tendencia metalera, debo confesar que Megadeth nunca han sido santo de mi devoción (como Slayer). Siempre me ha parecido una banda trash residual, resultado de un pique de juventud, que ha cabalgado con el sambenito de ser la escisión pobre de Metallica. No resto mérito a su producción ni a su repercusión popular, pero musicalmente jamás me han dicho nada. Mustaine es un guitarrista justito, y lo de cantar, definitivamente, no va con él. Eso sí, sus defensores acudirán a que tiene un estilo y una voz muy «personales», que es lo que se suele decir cuando un cantante peñazo triunfa en el escabroso mundo de la popularidad injustificada.

    Tras años de polémicas absurdas, hace tiempo que Mustaine cerró heridas con Metallica, y en este trabajo incluso presentan una versión de Ride the lightning, canción en la que Mustaine tuvo una participación acusada.

    En fin, ojalá puedan disfrutar de un retiro agradable tras una vida de excesos. No pierdo nada con su desaparición, pero empatizo con aquellos de vosotros que les echéis de menos… si es que eso de retirarse va en serio (un saludo a The eagles y su Hell freezes over).

  • Una grabación histórica

    Hace tres años, y en el contexto de una situación familiar bastante compleja, tuve la oportunidad de descubrir a Yunchan Lim, un jovencísimo pianista surcoreano (18 años por aquel entonces) que YouTube tuvo a bien sugerirme en una noche de desvelo. El vídeo remitía a la final del concurso internacional de piano Van Cliburn, y en él interpretaba el celebérrimo Rachmaninov 3 en re menor, un concierto abismal que los pianistas suelen emplear para lucimiento propio en los concursos (como el 2 del propio Rachmaninov, el 5 de Beethoven o el primero de Brahms).

    Así que me puse a ver el vídeo con los auriculares y después de 40 minutos no había conseguido cerrar los ojos. Esa noche reproduje el concierto seis veces. No era la técnica. No era la expresividad. No era la lectura, arriesgada, audaz y rompedora a partes iguales. Era el todo. En su momento me pareció histórico. Días después, pude leer varias críticas sobre el concierto, y entre ellas abundaba la sensación de que quizás estábamos ante la mejor lectura jamás abordada de esta pieza. No cuento las versiones que he escuchado en mi vida de ese concierto, desde Horowitz a Ashkenazy, incluso pude disfrutarlo en vivo en el Barbican con Yuja Wang, pero nunca, jamás, había escuchado (ni he escuchado) nada parecido a lo de Yunchan Lim.

    Decca acaba de lanzar la grabación de este concierto, que, como os he dicho, está disponible igualmente en YouTube. La visión del pianista añade un punto extra, sin duda, a la interpretación, pero si no podéis verlo porque vais en el coche, o estáis haciendo ejercicio, o, simplemente, queréis centraros en la música, sin más, no dejéis de escucharlo: https://open.spotify.com/intl-es/album/0PTxe1JTvE79g8q92tjV0w?si=3KRRyVd3QeyLKW3fCxv75g

    No he dudado en estos tres años en poner mis oídos a disposición de todo lo que ha tocado este genio. Y si algo se puede decir de él es que es el pianista total. Acaba de grabar las variaciones Goldberg en directo, otra maravilla al alcance de pocos. Pero es que tiene la virtud de que, en sus manos, Mozart suena a Mozart, Beethoven a Beethoven, Bach a Bach y Rachmaninov a Rachmaninov.

    18 años tenía cuando ejecutó esta barbaridad. Luego nos dicen que los jóvenes de hoy no están preparados. Lo están, de sobra. Pero hay que trabajárselo.